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POLEN

  • 12 feb 2018
  • 2 Min. de lectura

Siempre me han gustado las alturas. Dormir en lugares altos alimenta las alas. Y yo regué toda mi esencia en el zumo de mi cansancio sobre infértiles tierras. Sólo para llegar aquí. Fecundo de toda tu vida. Deje caer el inútil peso de mi armadura pero conservé mi espada. Y he llegado aquí para sentir la brisa del aire, observar el mar y la vida que lo habita. Y recuerdo haber descansado en lo que un día fue la tumba de un hombre. Recuerdo haber cerrado los ojos y haberte pedido compartirme un poco del fuego que ardió contigo y consumió tu cuerpo, en mí. Que esa misma lumbre así como habitó tu tumba habite mi corazón.

Y fui testigo de la orgía de 1000 abejorros fecundando el aire con el perfume de maduras flores. Yo mismo me volví uno y lamí el dulce elixir de la vida. Mi sangre está más viva que nunca, y recorre mis venas cual raudal. Cual ola nocturna embravecida recorre la vida mis venas. Y siento la necesidad de un bautismo, tan afortunado al punto de bendecido. Y la necesidad de un permiso y legitimación para una nueva etapa acude a mi corazón sediento. Venga vida! Fecúndame de toda la noche en estrellas. Fecúndame del insondable azul en el radiante día. Fecúndame del zumbido de mil colmenas en el cielo. Fecúndame del jugo de una dulce granada madura y abierta. Fúndeme en el fuego nocturno y vuélveme noche, vida! Fórjame con la fuerza del huracán y la rabia del incendio. Fecúndame de las victorias de tu espada! Lléname de ti vida! Purifica mi sangre para que mil rosas rojas broten de donde tenga que llorar rendido ante tu inmensidad. Que tu gloria quiero compartirle al mundo!

2017.

 
 
 

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