HIBRIS
- 12 jul 2018
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¡Ha, mi dulce veneno! Caíste a mi corazón como una ingente y suave narcosis de ambición que abrazó mi alma para inocular mi sangre haciendo desbordar mi lujuria!
¡Un momento lamiste mi dermis con tu lengua áspera de tótem de piedra y desgarraste mis poros para sangrar licor dulce de placer y ansiedad! ¡Derruiste mi angustia y ardí un segundo cual fénix en el paroxismo de mi rabia!
¡Ha! Mi dulce veneno, un segundo reí contigo inmolado en un beso a la insaciable lumbre de tu soberbia y como un títere suspendido del tejido de tu hambre, violado y corrupto mi deseo poseíste mi miedo y en tu ardor bailé una danza de furiosa devoción. Lamí tu áspera carne de piedra negra y reí. Hambre; carne, mi dulce veneno.
Desorbitaste mi alma, corola desbordante que ardió un segundo y se secó. Cual hongo carcomiste mi razón doblegándome a tu antojo y arrastrándome a la jauría rugiente de un delirio hermoso de mezquina y desesperada ambición.
Quise abarcar el infinito contigo, me creí difuminado en el horizonte y deseé tu poder.
Me llevaste a un cielo dorado de oropel solamente para verme las alas quemar.
Me espiné para tragarme la entera sangre. Mío fue el espacio y lloré una lágrima de codicia, un momento mi corazón surcó y abrazó al caos con alas de lumbre rapaz y me sentí atravesar la eternidad. Mío fue el tiempo y desde la infinidad observé la sucia mirada hipócrita y mentirosa del hombre. Creí mía la verdad y cual ave de presa me dejé caer sobre la otredad. Caí, caí tan fuerte que no pude gobernar el vértigo, presa del delirio humano demasiado humano me creí voluntad. Me contaminaste de ti.
Caí roto en mil pedazos, pero enfermo volví plácido a tus labios y con tu saliva unté mi entera carne como ungido en glorioso elixir de alivio y eternidad. Bebí de tu filo mi sangre tragando mi propia enfermedad. Y volví a reír. Hambre; sangre. Perro come perro, mi amado veneno.

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